LÍMITES DE VELOCIDAD

por | Feb 4, 2019

Todo lo que hacemos en la vida requiere de límites.

 

Límites entre lo peligroso y lo seguro, límites entre lo saludable y lo dañino, límites entre lo bueno y lo malo, límites, en definitiva. Lo excesivo no gusta y con frecuencia tiende a perjudicarnos en la vida cotidiana. Cuando éramos niños se nos dejaba jugar pero “sin salir del parque”, “sin cruzar la carretera”, “sin pegarse”, “sin romper las cosas”…. Es decir, desde pequeños hemos aprendido que hay límites muy recomendables para nuestra seguridad y la de nuestros semejantes. Esta reflexión se vuelve, más que oportuna, necesaria, si de la circulación se trata. Nada menos que la vida de los otros, queridos o desconocidos, y la nuestra, están en juego. Indiscutiblemente los límites de velocidad son necesarios

 

Cada vehículo, cada carretera, cada condición climatológica requiere una velocidad que se adecúe a esas condiciones de circulación.

 

Como norma, tales condiciones han de ser reguladas mediante los límites de velocidad y controladas mediante nuestros temidos radares. Siendo correcto este planteamiento sobre límites y controles en la circulación, se vuelven pertinentes algunas preguntas que nos hacemos desde aquí:

¿Los límites de velocidad genéricos son realmente los más adecuados?

¿Los límites de velocidad específicos (mediante señales) son acertados?

¿Los conductores se fijan en estos límites de velocidad?

¿Los conductores suelen respetarlos?

¿Les resultan creíbles a los conductores dichos límites de velocidad?.

Quizá la última pregunta resuma la respuesta a todas las demás.

 

Seguro que todos nos hemos encontrado en la situación de entrar en una zona de obras señalizada a 20 km/hora y no ver la señal de fin de velocidad limitada, ya que, simplemente, esta no ha sido colocada y tener que ser nosotros mismos los que determinemos si se han acabado las obras o no, con el fin de volver a circular a una velocidad normal.

Otro ejemplo del cual yo fui protagonista. Circulaba por una vía a 100 km/h que era la velocidad permitida, cuando sin apenas visibilidad, a la entrada de un túnel había una señal de 80 km/h. Debido a la proximidad del coche que circulaba detrás del mío, tuve que elegir en décimas de segundo entre respetar el límite de velocidad, es decir, frenar bruscamente hasta los 80 km/h y con toda seguridad, sufrir un impacto trasero que podría tener graves consecuencias para mi salud o mantener la misma velocidad. Lógicamente opté por no tocar el freno. Unos metros más adelante la Guardia Civil, me dio el alto y me multó por exceso de velocidad. No consuela mucho, pero el agente me dio la razón por escoger la opción adecuada, además de reconocer la mala ubicación de la señal.

 

Pensamos que sería necesario establecer unos límites de velocidad más lógicos y creíbles al sistema de circulación.

 

Desde STEA, estamos convencidos de que sería necesario establecer unos límites de velocidad más lógicos, mejorar la señalización tanto fija como provisional y tal y como dijimos en nuestro artículo anterior, formar a los conductores desde la infancia para que de una vez por todas disminuya el número de muertes y heridos en nuestras carreteras.

 
¡Hasta la próxima amig@s!

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